domingo, 6 de abril de 2014
sábado, 22 de marzo de 2014
"La lucha entre capitalismo y como sea que se llame esa cosa rastrera y sin imaginación. Esa cosa autoritaria que se agarró del comunismo en una época y ahora como una hiena con cría trata de aprender las reglas donde no las hay, o mejor dicho, donde son las mismas de siempre, las de la imaginación y la fuerza, las de la astucia y la ambición, solo que ya no alcanza con sus discursos igualitaristas y sus utopías neuseabundas para ocultarlas; el capitalismo, al que temen como a algo sagrado, está, y eso es lo bueno, ciento cincuenta mil pasos por delante de todo ello. Lo malo es que es tan igual a la vida misma, que incluso estos hipócritas tienen su lugarcito en el mercado, y hablan, hablan , hablan sin parar."
Roqué le chat.
Montevideo 17 de mayo de 1989.
lunes, 23 de diciembre de 2013
domingo, 3 de noviembre de 2013
lo que tu llamas "el imperio", reverendo chupa pija, lo que llamas "capitalismo", es lo que haces cada día con tus tristes pelotas, con tus anhelos mezquinos, con tu instinto asqueroso, con tu deseo farsante, y con tu cobardía invencible. y no hay nadie tan poderoso como vos en tu imbécil cabecita. eres libre. así que no me hables más de capitalismo ni de imperio. marcos de sayago.
miércoles, 31 de julio de 2013
Hay personas que hagan lo que hagan, siempre
acaban peor de lo que estaban. Un solo error insignificante, los echa a rodar
por una pendiente empedrada, en la que, sin poder detenerse, el éxito consiste
en evitar un golpe, y el entusiasmo en dar dos pasos con los pies. Sea como sea, el
resultado es la aceleración en el descenso, y en un tiempo que apenas ven
correr, más temprano que tarde están demasiado abollados como para pensar o
hacer otra cosa que caer.
Si
les queda un resto de conciencia cuando ya no haya lugar donde caer, aquel
primer error lo verán tan inevitable como todo lo que le siguió; y si el tiempo
que les queda para no hacer nada es suficiente, abandonados a la ilusión de
movimiento que les dan los empujones de los vivos, mueren con la certeza de que
la vida toda es un mal paso.
Cada instante de dicha en la memoria envenenado
por la desconfianza, la seguridad de haber sido engañados.
Los otros, aquellos que pasan a su lado, se les aparecen despojados de libertad, autómatas al servicio de
su destino. Y la capacidad de amar, siquiera de enternecerse por alguien o
algo, acaba en ellos en miembro atrofiado, útil solo en la medida en que la
vergüenza lo es.
El único consuelo que les queda es el llanto a
solas. Lloran, los idiotas, por cualquier cosa. Y aunque les pasa muy seguido, tampoco así llegan a ver la causa de su llanto.
Pero el malo logra incorporarse.
Obligado a vivir en la
apretada multitud, ve las cosas a una luz extraña para todos, un instinto
ruinoso le obliga a mirar hacia las cimas de las que ha caído. Distraído de este
modo, es víctima permanente de cachetadas y zancadillas, y se reprocha
amargamente no haber muerto en la caída. En efecto, el hecho de haber nacido en
las alturas, constituye aquí abajo una doble humillación: la de la caída y la
de haberla soportado. ¿No hubiera sido más digno morir después de tal cantidad
de deshonra imborrable?
Es un mediocre nacido en lo alto, sin talento
para estar entre los dioses, un heredero al trono con genoma de tarado.
Demasiado habituado a evitar golpes
imprevisibles, solo conserva la espontaneidad en la cobardía, la sospecha y el
garroneo. Ignorante de la calma necesaria para reflexionar, solo se explaya en
la conversación, y sus amigos, si es que se les puede dar ese nombre, lo buscan
en los tiempos de angustia y de derrota. Es esta la única retribución que obtiene por sus trabajos, y tampoco desea otra cosa.
Por eso es que se lo compara con el buitre, que espera el
desmayo de los caminantes. Un buitre en lo alto de la roca, con alas enormes
para el aire y el sol, y un ojo afilado entre las nubes. Pero esto es solo una comparación.
martes, 30 de abril de 2013
meus caros amigos
No es de suponer que sea objeto propio de la literatura el resolver la realidad, ni siquiera el explicarla; para eso existen ciencias que entienden de las cuestiones al respecto, con el éxito, el fracaso, el crédito y el descrédito que todos conocemos y concedemos. Más bien parece ser objeto de la literatura aquello que la realidad coloca entre paréntesis y que, precisamente por eso, es necesario abordar de una manera oblicua, reelaborándolo y recomponiéndolo con nuestra atención creadora para que, a su vez, genere nuevas inquietudes e interrogantes (elementos que forman una parte nada desdeñable de lo que llamamos solazamiento o deleite) cada vez que sea objeto de renovada atención contemplativa. Desde ese punto de vista, que no agota el tema, la literatura tiene no poco que ver con el mito, y este, bastante con el misterio. Y la índole del misterio de que participa el mito es ambivalente. Por un lado, proporciona al mito su carácter de ejemplar, por cuanto hace de él definición y génesis de lo que el mundo es, y por otro, cela el significado de ese movimiento a los ojos profanos, que solo aciertan a desconcertarse ante el enigma que el mito propone y que, sin embargo, encierra el más profundo y real sentido de lo que los hombres y las cosas han venido a ser sobre la faz de la tierra. Por eso, jamás se llega a ver del todo claro el significado de los mitos (como no sea por la vía del conocimiento onírico o iniciático) ni, por ende, el de las literaturas.
Eduardo Chamorro
Prólogo a Bartleby, el escribiente. Ed. Akal. 1983
Este hombre me sorprendió con las mismas palabras que yo usaba en la entrada anterior, en los comentarios. Creo que ya lo había leído, y en algún lugar había quedado latente en mi cerebro.
Qué lección de humildad es la escritura, escribir sobre lo que uno no sabe, o de un modo que no le sale, como si supiera, y que no importe, porque en el fondo fermenta siempre lo que uno sí sabe, lo único que le está dado saber, y su propia voz, hecha de todos los que alguna vez nos inspiraron con hechos y palabras.
Puestos a escribir, la ficción es una forma de olvidarse de uno mismo, como también lo es escribir sobre el mundo y la vida, y si se quiere, el solo hecho de escribir. Para el filósofo, el pensador, escribir es su forma específica de actuar, de salir de si mismo. Es lo que define al escritor: el que escribe para verse.
Como cuando afinamos una cuerda de guitarra: podemos oir la nota, y afinarla, o podemos buscar en nuestro interior, la idea de la nota, en cuyo caso no oímos nada, así también un hombre, para saber de si mismo la verdad, ha de olvidarse, y oírse resonar contra las cosas que nombra, que intenta nombrar. Y si, es un proceso, un progreso incluso, a veces, cuando los ecos no son demasiado angustiantes y uno puede pensar.
Es la manera que tiene de afinarse el escritor. Como dice P., escribir es una práctica.
En la ficción, además, queda en evidencia el mundo tal cual habita en uno, lo que el mundo dice, es una unidad con el cosmos, desde lo ínfimo a lo infinito, de lo más interior a lo más lejano. La ficción es una corriente alterna entre la poesía y la física, y el corazón de ambas.
martes, 23 de abril de 2013
en cascos de roble
Yo soy de aquellos que nunca están conformes consigo
y eso está bien.
Porque nacimos en un monte de mentiras y peleamos
por salir de nuestra propia tierra:
una selva de mentiras.
Peleamos toda la vida.
Porque si un día llegamos a los bordes
nos da miedo y pena abandonarla.
Y si lo hacemos, entrando al mundo sano
donde hombres y mujeres son hombres y mujeres
y ríen y hablan y se quieren
no reímos ni hablamos ni queremos
solo sabemos pelear por la verdad
y añoramos la mentira para pelear por la verdad
y eso está bien.
Porque nacimos en un monte de mentiras y peleamos
por salir de nuestra propia tierra:
una selva de mentiras.
Peleamos toda la vida.
Porque si un día llegamos a los bordes
nos da miedo y pena abandonarla.
Y si lo hacemos, entrando al mundo sano
donde hombres y mujeres son hombres y mujeres
y ríen y hablan y se quieren
no reímos ni hablamos ni queremos
solo sabemos pelear por la verdad
y añoramos la mentira para pelear por la verdad
y eso está bien.
Como está bien la rosa
retorcida y vieja y silvestre
que da sus rosas en otoño
en primavera
y en verano
porque está viva,
así salimos nosotros de la mentira
así empezamos nosotros a triunfar
celebrando victorias y derrotas solo nuestras
desde el más puro egoísmo
siendo simple y llanamente nosotros mismos
por una vez.
No gruñimos ya contra las ramas que se nos cruzan
nuestra voz se alza porque es sólo nuestra voz al fin
nuestra íntima, curtida en la mentira voz
retorcida y vieja y silvestre
que da sus rosas en otoño
en primavera
y en verano
porque está viva,
así salimos nosotros de la mentira
así empezamos nosotros a triunfar
celebrando victorias y derrotas solo nuestras
desde el más puro egoísmo
siendo simple y llanamente nosotros mismos
por una vez.
No gruñimos ya contra las ramas que se nos cruzan
nuestra voz se alza porque es sólo nuestra voz al fin
nuestra íntima, curtida en la mentira voz
vieja y querida como los cuartos de la infancia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

